L’HORTA


La huerta abraza literalmente València (capital de la comarca y de la provincia), Iniciamos el recorrido por la huerta de Alboraya, que nos brinda la posibilidad de empezar nuestro viaje con un singular desayuno: una genuina horchata acompañada de “fartons”. Para los forofos a la motonáutica o a la navegación de crucero la Pobla de Farnals será un agradable descubrimiento.  En Tavernes Blanques se puede parar a comprar alguna pieza de Lladró, una de las porcelanas más codiciadas en todo el mundo. Siguiendo la ruta hacia el Puig, los pueblos –todos ellos son antiguas alquerías árabes– se adivinan desde lejos a través de sus esbeltos campanarios y se suceden hasta casi confundirse. En la iglesia parroquial de Almàssera, se pueden ver las formas eucarísticas del “Miracle dels Peixets” y en el margen izquierdo del barranco de Carraixet, Bonrepòs i Mirambell su población se extiende por unas cuántas alquerías. En Meliana, la iglesia de los Santos Juanes –construcción renacentista y recubierta con elementos churriguerescos– y las ermitas de la Virgen María de la Misericordia (erigida en memoria de la conquista de estas tierras por Jaume I) y del Cristo de la Providencia merecen una visita. Antes de continuar, se pueden adquirir los populares mosaicos que se fabrican aquí desde 1860. En Foios, la iglesia de la Virgen María de la Asunción guarda una imagen del siglo XV de la Virgen María del Patrocinio, su patrona, y, en medio de la huerta, la ermita del Cristo de la Sangre. Muy cerca, Albalat dels Sorells muestra orgullosa la enorme cúpula de su iglesia parroquial (barroca del siglo XVIII) y el castillo-palacio de los condes de Albalat (de finales del siglo XV), una gran fortaleza con una sola torre, ventanales góticos, puerta de arco y patio interior con escalera descubierta que hoy es sede del Ayuntamiento. Otros municipios para visitar son Albuixech, Emperador, Massalfassar, Museros, Massamagrell, Puçol y Rafelbunyol, El Puig, Alfara del Patriarca, Vinalesa, Burjassot, Los Silos, Godella, Roquefort, etc.


Gastronomía y fiestas:

GASTRONOMÍA

La cocina de esta comarca se beneficia de una tierra rica y fértil. El arroz es el rey y se prepara de mil formas diferentes. Junto con las tradicionales paellas de pollo y conejo o marisco, el visitante puede probar otras exquisitas variedades como la de hígado de toro con garbanzos, endibias y hígado de toro o “l’hortolana”, con berenjena, alcachofa y habas, acompañándose de ajos tiernos, guisantes y judías verdes. También el arroz con bacalao, que puede ir con coliflor o garbanzos o el completísimo “rossejat” (gratinado), con morcillas de cebolla, “blanquets”, jarrete de ternera, manecillas de cerdo y pelotas (de magro picado, huevo, pan tachado, caño, sal y perejil) son dos especialidades características de esta zona presentes en las cartas de muchos restaurantes. Como postres, la fruta, excelente en cualquier época del año y, para los que no temen las calorías, algún exquisito dulce como la corona, hecho a base de mazapán, huevo, almendra, azúcar y bizcocho y adornado con frutas escarchadas. Pasteles de boniato, cocas de almendra y caño, mantecados, rosquillas, cocos de Chile y una infinidad de pasteles completan este apartado para delicia de los más golosos.

FIESTAS

Las fiestas se suceden a lo largo de todo el año aunque las principales celebraciones se concentran en la temporada estival. Se festejan los santos patrones y se agradecen las buenas cosechas con procesiones. Las populares Fallas, con su fuego purificador, se plantan y queman en cada localidad y los carnavales han resurgido con fuerza en los últimos años y se alargan hasta coincidir con la llegada de la primavera que, en esta comarca, es explosión de miles de aromas y colores. Especialmente brillantes son el Baile de Torrent, pantomima con bailes y música de dolçaina y  tabalet, y la procesión del Domingo de Ramos, cuyo origen se remonta al siglo XV. El desfile culmina cuando la alcachofa —un artefacto con forma de lira suspendido por una cuerda entre los balcones de la Plaza Mayor— se abre, soltando tórtolas y palomos con una lluvia de centenares de papeles que contienen versos populares (al·leluies). Parecida ceremonia se repite en otras localidades. En Silla, en la procesión del Cristo, el artefacto tiene forma de hortaliza y al abrir sus hojas parece una palmera en cuyo tallo un niño vestido de ángel canta al compás de órgano y violines. El día se completa con la antigua danza del porrots u hombres de la fuerza, interpretada con bastones al sonido de la dolçaina y el tabalet. También de Alacuás, en la fiesta dedicada a la Virgen María del Olivar, un ángel aparece dentro de una alcachofa interpretando sus cantos. La noche anterior cantores y dolçainers recorren las calles en una emotiva Nit d’Albades. Otra singular procesión es la que protagonizan los horchateros de Alboraya en honor de la Virgen María de l’Horta para que proteja sus campos de chufa. La imagen, que se guarda en una ermita, se trae la víspera de la fiesta a otra de las ermitas del término para proceder a su traslado procesional la mañana de la fiesta, en medio de cantos y volteo de campanas. Las procesiones son bien a menudo el tema central de la fiesta pero nunca faltan la música, el fuego, la pólvora y otras manifestaciones lúdicas. En muchas se organizan concursos de paellas o se preparan caldera que después degustan todos los asistentes y algunas todavía mantienen la tradición del toro embolado y las populares vaquillas. La apoteosis final siempre la pone un espectacular castillo de fuegos artificiales. No podía ser de otro modo en una comarca que es cuna de los mejores pirotécnicos del mundo. La relación de fiestas sería interminable, por lo cual, si este aperitivo festivo le ha parecido interesante al lector, le recomendamos que solicite más información en cualquier oficina de turismo. Seguro que no lo defraudarán.